
Según varios expertos, el precio de Bitcoin se desplomó la semana pasada tras una ola de ajustes en los mercados tradicionales y el fin del impulso tecnológico global. Aunque el precio se ha recuperado, la desconfianza institucional persiste y mantiene al mercado en alerta.
La actual inestabilidad en el ecosistema de las criptomonedas, que llevó al activo principal a testear niveles de 60.000 dólares el 5 de febrero, responde a una compleja interacción de factores macroeconómicos y técnicos ajenos a la arquitectura interna del mercado.
Analistas de firmas de inversión de alto perfil, como Bitwise y VanEck, sugieren que el retroceso en el precio de Bitcoin no fue provocado por fallos sistémicos en la estructura del protocolo o de su cadena de bloques, sino por un repliegue estratégico de liquidez en los mercados financieros tradicionales (TradFi) y una recalibración de las apuestas tecnológicas globales.
Aunque el precio de Bitcoin logró recuperar terreno y actualmente supera los 71.000 dólares, el ambiente sigue marcado por la desconfianza. El índice de miedo y codicia se mantiene en niveles mínimos, apenas 5 puntos sobre 100, una señal clara de que la percepción del mercado aún no acompaña la recuperación del precio de BTC ni refleja una convicción firme de los inversores institucionales.
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Jeff Park, estratega de Bitwise, sostiene que el evento del 5 de febrero fue fundamentalmente un fenómeno de transmisión de riesgos desde las finanzas convencionales hacia el sector digital.
Según su análisis, carteras multiactivo se vieron obligadas a ejecutar ventas agresivas para reducir su exposición ante la volatilidad general, afectando posiciones en Bitcoin que funcionaban como cobertura. Desde su perspectiva, esta liquidación no respondió a noticias negativas propias de la industria cripto, sino a una necesidad técnica de mantener la integridad de los modelos de riesgo internos en fondos de cobertura.
En una extensa publicación en X, Park explicó que la presión sobre el precio de Bitcoin se intensificó debido a efectos gamma en el mercado de opciones, que amplificaron un movimiento al que define como una ineficiencia temporal del mercado y no como una ruptura estructural.
“Primero, me inclino a creer que el catalizador fue impulsado por la venta masiva de software, dada la estrecha correlación que está mostrando incluso frente al oro.”, señaló Park en su publicación.
Por su parte, Matthew Sigel, directivo en VanEck, identifica el declive del entusiasmo por la Inteligencia Artificial como un catalizador colateral, pero decisivo, de la caída en el mercado cripto.
Sigel argumenta que la incertidumbre sobre la rentabilidad real de las inversiones masivas en infraestructura de IA ha impactado directamente a las empresas mineras de Bitcoin. Muchas de estas organizaciones habían diversificado sus operaciones hacia la computación de alto rendimiento para aprovechar el auge tecnológico. No obstante, al endurecerse las condiciones de financiamiento y disiparse el optimismo sobre la IA, los mineros de criptomonedas se vieron forzados a liquidar sus tenencias de Bitcoin para fortalecer sus balances y sostener sus operaciones, inyectando una oferta masiva en un mercado que ya mostraba fragilidad.
Bitcoin y el mercado se ajustan
El desplome de Bitcoin y las criptomonedas la semana pasada también encontró combustible en métricas de apalancamiento que alcanzaron niveles insostenibles.
Los datos de mercado indican que el interés abierto en contratos de futuros de Bitcoin se redujo de 61.000 millones de dólares a 49.000 millones en una sola semana, una caída superior al 20%. Si se compara con los máximos de 90.000 millones registrados en octubre, el mercado ha purgado casi el 45% del capital prestado. Según los expertos, esta contracción masiva del apalancamiento suele actuar como un mecanismo de limpieza necesario dentro de los patrones de ciclo de 4 años que rigen históricamente el comportamiento de Bitcoin, donde los periodos de euforia son seguidos por correcciones drásticas que resetean la psicología del inversor.
A este escenario se suma una preocupación emergente sobre la seguridad a largo plazo: la computación cuántica. Aunque la comunidad de desarrolladores mantiene una postura escéptica sobre la inmediatez de esta amenaza, los inversores institucionales han comenzado a valorar el riesgo de que máquinas con potencia de cálculo superior puedan vulnerar los modelos de cifrado actuales que rigen el mercado cripto.
Informes recientes sugieren que una parte significativa de las criptomonedas en circulación podría estar expuesta ante este avance tecnológico, incluyendo a Bitcoin. No obstante, la paradoja reside en que las propias acciones de empresas dedicadas a la tecnología cuántica también han retrocedido, lo que, para los expertos, refuerza la teoría de que el movimiento de capitales actual es una retirada general de los activos de riesgo hacia posiciones de mayor liquidez.
Los ETF de Bitcoin mostraron su madurez en un mercado tenso
Pese a la reciente corrección del precio de Bitcoin, esto no impidió que los fondos cotizados al contado que cotizan en las bolsas estadounidenses mostraran un comportamiento sorprendentemente estable. A pesar del clima de incertidumbre y de la presión vendedora que acompañó la caída de BTC, los ETF de esta criptomoneda mantuvieron un flujo activo de capital, lo que refleja una base de confianza más firme entre los inversores institucionales.
Durante los días de mayor presión vendedora, algunos de estos instrumentos financieros registraron entradas netas superiores a los 300 millones de dólares, lo que sugiere que los inversores de largo plazo interpretaron el ajuste de 60.000 dólares por BTC como una oportunidad técnica, más que una señal de fragilidad del mercado.
Finalmente, para los analistas, esta dinámica confirma que Bitcoin atraviesa una etapa de consolidación dentro del sistema financiero global. Su comportamiento tiende a moverse cada vez más en sintonía con los grandes activos tradicionales, desde las acciones hasta los bonos corporativos. Si bien su naturaleza volátil permanece intacta, su papel dentro del panorama económico de 2026 parece ya asegurado como un componente estructural del mercado internacional.
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