El retorno de los gigantes cripto a Estados Unidos choca con una nueva tormenta legislativa

El retorno de los gigantes cripto a Estados Unidos choca con una nueva tormenta legislativa

Algorand y Jito regresan a suelo estadounidense citando un entorno favorable, mientras que algunos líderes del sector critican duramente la nueva propuesta de ley del Senado.

La industria de las criptomonedas vive una semana de contrastes marcados por el optimismo corporativo y la tensión política en Washington. La Fundación Algorand anunció esta semana su regreso oficial a Estados Unidos tras años de operar desde Singapur, un movimiento que sigue los pasos de la Fundación Jito, la cual celebró su relocalización desde las Islas Caimán apenas una semana antes. Ambas organizaciones han citado el giro favorable hacia los activos digitales por parte de la administración actual como el catalizador principal de su retorno. Sin embargo, este despliegue de confianza institucional ocurre en la víspera de una votación crucial en el Comité Bancario del Senado que amenaza con fracturar el consenso de la industria.

Mientras las fundaciones celebran su repatriación con eventos de alto perfil y promesas de liderazgo financiero, figuras prominentes como Brian Armstrong y Charles Hoskinson han alzado la voz para advertir sobre los peligros que esconde la agenda regulatoria actual. 

Lo que en superficie parece un renacimiento del sector en suelo americano, en las profundidades legislativas se perfila como un conflicto de intereses que podría redefinir las reglas del juego para las finanzas descentralizadas y la estructura del mercado digital.

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La Fundación Algorand retoma su origen en medio de un renovado clima político

El retorno de la Fundación Algorand a suelo estadounidense busca capitalizar el nuevo clima político. Según declaraciones emitidas por la organización el miércoles, la decisión de trasladar su sede a Estados Unidos responde al deseo de restablecer su presencia en el lugar de origen de su tecnología, fundada en 2017 por el profesor del MIT Silvio Micali. 

Staci Warden, directora ejecutiva de la fundación, enfatizó en un comunicado que la entidad está redoblando sus esfuerzos en áreas donde la tecnología blockchain puede marcar una diferencia significativa, tales como los pagos globales instantáneos y el acceso expandido a productos financieros.

Para la directiva de Algorand, este movimiento estratégico busca asegurar el liderazgo estadounidense en la próxima generación de infraestructura financiera. Como parte de esta nueva etapa, la fundación ha revelado la creación de un Consejo Asesor del Ecosistema que incluirá a participantes clave de la red y empresas que desarrollan aplicaciones sobre su blockchain. Jennie Levin, directora legal de la fundación, confirmó que la motivación detrás de la mudanza incluye la concentración de talento de ingeniería y capital en el país, además del mencionado giro político favorable hacia las criptomonedas.

Este sentimiento fue compartido por la Fundación Jito, que anunció su regreso al país a mediados de diciembre. Lucas Bruder, director ejecutivo de Jito Labs, explicó en una publicación que el cambio de 180 grados en la política de criptoactivos impulsada por el presidente Donald Trump fue determinante para tomar esta decisión. Bruder argumentó que con un enfoque más productivo hacia la innovación y leyes claras, los proyectos y negocios de activos digitales pueden y deben volver a operar dentro de Estados Unidos.

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Surgen tensiones en el Capitolio y voces disidentes

A pesar del ambiente festivo por el retorno de estas organizaciones, la realidad legislativa presenta un panorama mucho más complejo y menos alentador para otros actores del mercado. El Comité Bancario del Senado se prepara para votar una legislación histórica que pretende zanjar el largo debate sobre el estatus regulatorio de las criptomonedas. No obstante, la propuesta actual ha generado un rechazo inmediato y contundente por parte de líderes de la industria que consideran que el remedio podría ser peor que la enfermedad.

Brian Armstrong, director ejecutivo de Coinbase, declaró enfáticamente que su compañía no apoyará la última versión de la legislación sobre estructura de mercado. Según Armstrong, el borrador actual de ley otorga un poder excesivo a la Comisión de Bolsa y Valores, conocida por sus siglas en inglés como SEC, lo que perpetuaría un entorno de control centralizado adverso para la innovación. 

Entre las críticas específicas señaladas por el ejecutivo se encuentran la prohibición de facto de las acciones tokenizadas y las restricciones severas a las finanzas descentralizadas. Armstrong expresó su frustración en la plataforma X al señalar que, aunque aprecia el esfuerzo bipartidista, esta versión es materialmente peor que el estatus quo actual y que preferiría no tener ninguna ley a tener una ley deficiente.

Más aún, el descontento de los líderes de la comunidad cripto no se limita a las especificaciones técnicas del proyecto de ley en cuestión, sino que se extiende a la politización general del sector. Charles Hoskinson, fundador de Cardano, ha sido otra de las voces críticas frente a la agenda regulatoria de la administración Trump. 

Hoskinson ha argumentado que la participación directa del presidente en proyectos de criptomonedas y el lanzamiento de iniciativas personales de memecoins han convertido un tema que debería ser bipartidista en una cuestión altamente polarizada. Según el análisis de Hoskinson, esta dinámica ha descarrilado el progreso de regulaciones sensatas al asociar la industria con una sola figura política, lo que complica el apoyo de los legisladores de la oposición y genera un entorno de «reglas por decreto» o anuncios en redes sociales en lugar de marcos legales sólidos y transparentes.

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Estados Unidos aún se mueve entre la oportunidad y la incertidumbre

La situación actual deja al sector cripto en una verdadera encrucijada. Por un lado, el regreso de fundaciones como Algorand y Jito valida la tesis de que Estados Unidos sigue siendo el mercado de capitales y talento más atractivo del mundo cuando las condiciones políticas lo permiten. Por otro lado, la resistencia de figuras como Armstrong y Hoskinson subraya que la mera apertura política no es suficiente si viene acompañada de legislaciones restrictivas o de una politización que pone en riesgo la neutralidad tecnológica.

El desenlace de la votación en el Senado y la capacidad de la industria para negociar modificaciones al texto legislativo definirán si este retorno de empresas es el comienzo de una era dorada o simplemente un movimiento prematuro en un tablero que aún no tiene las reglas del todo claras.