PwC confirma su expansión en el mercado de activos digitales ante un entorno regulatorio más favorable

PwC confirma su expansión en el mercado de activos digitales ante un entorno regulatorio más favorable

PwC ha anunciado su expansión estratégica en el mercado de los activos digitales tras la aprobación de la Ley GENIUS y las nuevas normas de stablecoins. La firma detalla cómo la claridad regulatoria en EE. UU. está impulsando la inversión institucional y la tokenización, incentivando su participación. 

PricewaterhouseCoopers (PwC), gigante global de la consultoría y miembro destacado de las «Big Four», ha oficializado un cambio de timón decisivo en su política corporativa: abandonará su histórica cautela frente al ecosistema cripto/blockchain para iniciar una fase de expansión agresiva en el sector de los activos digitales. 

Según sus aclaraciones, este giro estratégico, lejos de ser una maniobra especulativa, responde a una transformación estructural del panorama legislativo en Estados Unidos, donde la reciente claridad normativa ha abierto las compuertas para la entrada del capital institucional.

La firma busca capitalizar un momento histórico donde la tecnología financiera y la seguridad jurídica finalmente han convergido. Según detalló Paul Griggs, líder de PwC en Estados Unidos, en declaraciones recientes al Financial Times, la compañía ha decidido «bajar de la barrera y entrar al campo de juego». Esta decisión subraya que la demanda de servicios vinculados a las criptomonedas y a la tecnología blockchain ya no es un nicho experimental, sino una exigencia operativa de sus clientes más importantes, quienes requieren auditoría, consultoría y asesoramiento fiscal en un mercado que se perfila como la columna vertebral de la futura economía digital.

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El punto de inflexión para PwC: La Ley GENIUS y la seguridad jurídica

El catalizador principal de este cambio de paradigma ha sido la evolución radical del marco regulatorio estadounidense hacia las criptomonedas. Durante años, la ausencia de reglas claras y el riesgo de contagio reputacional —exacerbado por colapsos de alto perfil como el de FTX en 2022— mantuvieron a los grandes auditores en una posición defensiva. Sin embargo, el escenario cambió drásticamente con la aprobación de la Ley GENIUS, promulgada por el presidente Donald Trump en julio de 2025.

Griggs identifica esta legislación como el cimiento necesario que faltaba para operar con confianza en el sector. La Ley GENIUS, junto con las nuevas normativas federales sobre la emisión y custodia de stablecoins, ha desmantelado la incertidumbre que paralizaba a las corporaciones tradicionales. Al establecer requisitos estrictos sobre reservas, segregación de activos y protocolos de cumplimiento, la normativa ha transformado las criptomonedas: de ser activos «intocables» por su riesgo regulatorio, han pasado a ser instrumentos financieros legítimos bajo supervisión federal.

Este nuevo clima ha permitido una transición crucial en la postura de organismos como la Comisión de Bolsa y Valores (SEC), que ha migrado hacia una supervisión más constructiva. Para PwC, esto significa que las líneas de negocio de auditoría de reservas, verificación de smart contracts y consultoría de cumplimiento ya no conllevan un riesgo existencial para la firma, sino que representan una oportunidad de crecimiento ineludible. 

La nueva legislación ha validado el mercado, permitiendo a la consultora acompañar a bancos y multinacionales en la adopción de estas tecnologías sin el temor a sanciones retroactivas o ambigüedades legales.

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Tokenización y competencia: La carrera por la infraestructura financiera

Pero, más allá de la validación legal, el enfoque renovado de PwC se centra pragmáticamente en la utilidad tecnológica. La firma ha identificado que el valor real a largo plazo no reside en la volatilidad de los precios de las criptomonedas, sino en la eficiencia de la infraestructura subyacente. En este sentido, la tokenización de activos del mundo real (RWA) y el uso de stablecoins se presentan como los verdaderos motores de la adopción corporativa.

La tokenización permite representar derechos sobre activos tradicionales —como bonos corporativos, bienes raíces o fondos del mercado monetario— en una cadena de bloques. Lo que para PwC promete revolucionar los mercados de capitales al reducir drásticamente los tiempos de liquidación, eliminar intermediarios costosos y permitir la operatividad las 24 horas del día. Griggs enfatizó que la firma tiene la obligación de permanecer integrada en este ecosistema para garantizar que sus clientes puedan transicionar sus tesorerías y operaciones a estos nuevos rieles digitales con total seguridad.

Además, este movimiento también responde a una intensa presión competitiva dentro del grupo de las «Big Four». Mientras competidores como Deloitte y EY ya habían avanzado en la integración de servicios blockchain, y KPMG declaró en 2025 que el sector había alcanzado su madurez, PwC acelera ahora para no ceder cuota de mercado. Los clientes corporativos están explorando activamente el uso de stablecoins para optimizar pagos transfronterizos y gestión de liquidez, buscando eficiencias que el sistema bancario tradicional a menudo no puede igualar en velocidad y coste.

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La estandarización de la nueva economía

La confirmación de Paul Griggs y la nueva postura de PwC hacia la industria cripto envían una señal inequívoca a los mercados globales: los activos digitales han superado su fase de prueba. Al contar con el respaldo de leyes robustas como la Ley GENIUS y la validación de los auditores más grandes del mundo, la infraestructura blockchain se está integrando oficialmente en el tejido financiero convencional.

Para los analistas, ya no se trata de una apuesta por el futuro lejano, sino de una adaptación necesaria al presente. La capacidad de auditar operaciones en cadena y estructurar fiscalmente activos tokenizados se ha convertido en un estándar de servicio para cualquier multinacional moderna. Con este paso, PwC no solo busca cerrar la brecha con sus competidores, sino posicionarse como el socio estratégico indispensable para las empresas que construirán la economía de la próxima década sobre rieles digitales regulados, transparentes y eficientes.