Efecto Ormuz: ¿La tensión en el estrecho está encareciendo la producción de Bitcoin?

Efecto Ormuz: ¿La tensión en el estrecho está encareciendo la producción de Bitcoin?

Un reciente informe de VanEck analiza cómo la tensión en el Estrecho de Ormuz está provocando un choque energético global, que podría impactar en la rentabilidad de la minería de Bitcoin.

Los analistas de VanEck han puesto de manifiesto las profundas ramificaciones globales que la interrupción del tráfico en el Estrecho de Ormuz está teniendo sobre los mercados internacionales. 

Históricamente, el Estrecho de Ormuz ha sido el punto de estrangulamiento más importante del mundo para el comercio de energía. Sin embargo, en el contexto tecnológico de 2026, las consecuencias de su cierre parcial o tensión sostenida no se limitan a las gasolineras o la industria pesada; también llegan al corazón de la infraestructura de los activos digitales. 

La interrupción del tráfico en esta vía marítima ha generado lo que los analistas denominan la «Prima de Ormuz», un fenómeno económico que está elevando los precios del gas natural y, por extensión, las tarifas eléctricas que sustentan las redes de procesamiento de datos más grandes del planeta.

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El shock energético que amenaza la rentabilidad de la minería de Bitcoin

La minería de Bitcoin es, en esencia, un proceso de conversión de energía en seguridad para la red blockchain. Para que este proceso sea rentable, los mineros buscan jurisdicciones con excedentes energéticos y precios competitivos. 

Texas, en Estados Unidos, por ejemplo se consolidó en los últimos años como el hub global por excelencia debido a su mercado eléctrico liberalizado y su abundancia de gas natural. No obstante, esta ventaja competitiva se está convirtiendo en un punto de vulnerabilidad en medio de la crisis actual.

Según el informe de VanEck, el precio del gas natural es el principal determinante de los precios de la electricidad en mercados como el de Texas (ERCOT). Dado que una parte significativa de la generación eléctrica para la minería depende de plantas de ciclo combinado alimentadas por gas, el aumento del precio de este hidrocarburo debido a la escasez global ha disparado el coste por kilovatio-hora (kWh).

Cuando el flujo de gas natural licuado (GNL) y petróleo se ve amenazado en el Estrecho de Ormuz, el mercado global reacciona con una subida de precios preventiva. Para un centro de datos minero, un incremento de apenas unos centavos en el coste del kWh puede representar la diferencia entre operar con margen de beneficio o entrar en pérdidas operativas. 

Este escenario, combinado con otros factores que expertos han llamado la formación de una “tormenta perfecta” —como el auge de la Inteligencia Artificial—, está obligando a las empresas mineras a reevaluar sus contratos de compra de energía (PPA) y a buscar mecanismos de cobertura financiera para mitigar la volatilidad de los precios energéticos.

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Bitcoin bajo presión: El hashrate se mueve en un rango lateral amplio

El aumento de los costes de producción tiene una consecuencia técnica directa en la red Bitcoin: la fluctuación del hashrate

El hashrate representa la potencia computacional total que está asegurando la red blockchain en un momento dado. Cuando el coste eléctrico sube por encima del valor de las recompensas obtenidas por minar nuevos bloques, los mineros con equipos menos eficientes se ven obligados a desconectarse.

Según los datos de Coinwarz, el hashrate de Bitcoin se ha estado moviendo en un rango lateral amplio durante el último mes, sin una pendiente ascendente ni descendente que sea sostenida. Sin embargo, en el gráfico si se observan periodos cortos donde mucha potencia computacional ha entrado o salido de la red, posiblemente relacionado con ajustes en los costes energéticos.

La plataforma Checkonchain reportó a principios de esta semana que el coste de minar 1 BTC se ha elevado a 88.000 dólares. Considerando que el precio de la criptomoneda ronda los 71.000 dólares en el mercado abierto, esto significa que los mineros activos han estado operando con una pérdida de 17.000 dólares en promedio por cada BTC extraído de la blockchain. Los analistas de la firma también destacaron que los márgenes de ganancia de la minería de Bitcoin se han estrechado por el aumento de los costes energéticos vinculados a las tensiones geopolíticas en Oriente Medio. 

Hashrate de Bitcoin en los últimos 30 días.
Fuente: Coinwarz

Aunque aún no se habla de una capitulación técnica masiva provocada por la subida en los costes de energía, los expertos subrayan que la industria se encuentra en medio de un ajuste de eficiencia. El protocolo de Bitcoin está diseñado para ajustarse automáticamente mediante la «dificultad de minado», pero el proceso de transición puede generar periodos de menor actividad en ciertas regiones. 

El informe de VanEck destaca que el «Efecto Ormuz» actúa como un filtro de selección natural para la industria. Solo aquellas operaciones que cuentan con hardware de última generación —capaz de procesar más cálculos con menos energía— o aquellas que tienen acceso a fuentes de energía alternativas, pueden mantener su competitividad en un entorno de energía cara.

La tecnología blockchain demuestra aquí su resiliencia técnica, pero la viabilidad económica de las empresas mineras cotizadas está bajo la lupa. La correlación entre los mercados energéticos tradicionales y la infraestructura de activos digitales es hoy más estrecha que nunca, lo que posiciona a la energía como un insumo crítico para la economía digital del siglo XXI.

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Descentralización energética: El futuro de la minería digital

La situación en el Estrecho de Ormuz está acelerando una tendencia que ya se vislumbraba en el sector: la necesidad de una independencia energética real para la minería de Bitcoin. El informe sugiere que este tipo de shocks globales impulsarán a las empresas a alejarse aún más de las redes eléctricas dependientes de combustibles fósiles importados o sujetos a la volatilidad de los mercados internacionales.

En los meses previos a la «Prima de Ormuz», ya se observaba un interés creciente en la integración de la minería de Bitcoin con fuentes de energía renovable in situ, como la solar y la eólica, o el aprovechamiento del gas residual de la extracción petrolera que de otro modo se quemaría. Al capturar energía que no depende de las cadenas de suministro globales, los mineros pueden inmunizarse parcialmente ante tensiones en puntos geográficos críticos como ocurre actualmente en Ormuz.

Además, varios expertos coinciden que la actual presión sobre los costes está acelerando la innovación en el diseño de chips ASIC y sistemas de refrigeración líquida, que maximizan la eficiencia energética de los mineros. A largo plazo, este periodo de tensión energética podría resultar en una red Bitcoin más robusta, distribuida y tecnológicamente avanzada, aunque el camino hacia esa transición implique enfrentar nuevos desafíos operativos. 

Para la comunidad cripto, si bien el shock energético es un obstáculo inmediato, también es el catalizador para la próxima fase de evolución de la infraestructura blockchain global.

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