Criptomonedas y fiscalidad en Europa: qué hay detrás de la nueva ley neerlandesa de rendimientos reales

Criptomonedas y fiscalidad en Europa: qué hay detrás de la nueva ley neerlandesa de rendimientos reales

Países Bajos transformará su fiscalidad cripto en 2028, gravando rendimientos reales y beneficios no realizados bajo un modelo de crecimiento de capital que busca equidad y transparencia.

El panorama de las finanzas digitales en los Países Bajos se prepara para una transformación estructural que marcará la pauta del sector en los próximos años. La Cámara de Representantes ha dado luz verde a un cambio legislativo que redefine la forma en que los ciudadanos rinden cuentas al fisco por sus inversiones en tecnología blockchain y otros activos financieros. 

A partir de enero de 2028, el país abandonará el cuestionado sistema de rendimientos ficticios para implementar un modelo basado en los beneficios anuales reales. Esta transición no solo afecta a las ganancias obtenidas tras una venta, sino que introduce la tributación sobre los beneficios no realizados, una medida que ha generado un intenso debate entre la comunidad de inversores y los defensores de la privacidad financiera.

La reforma surge como una respuesta directa a las exigencias de justicia tributaria y a diversos fallos del Tribunal Supremo que consideraron ilegal el método anterior. Hasta ahora, el Estado calculaba los impuestos sobre una base presunta, asumiendo que el capital de un ciudadano generaba un retorno específico independientemente de la realidad del mercado. No obstante, con la nueva normativa, la administración tributaria busca que el gravamen sea un reflejo fiel de la evolución económica del contribuyente. 

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Un debate sobre el crecimiento del capital

El nuevo marco fiscal de Países Bajos introduce el llamado impuesto al crecimiento del capital, un modelo que amplía la base tributaria más allá de los ingresos tradicionales. Ahora, no solo se contemplan las rentas obtenidas por intereses o dividendos, sino también el incremento anual en el valor de los activos digitales, incluso cuando estos no se han vendido. 

En la práctica, si el precio de un criptoactivo aumenta de forma significativa durante el ejercicio fiscal, el inversor deberá abonar impuestos por esa apreciación al cierre del año, aunque su ganancia siga siendo teórica.

La nueva medida fiscal ha generado inquietud entre quienes operan en mercados de alta volatilidad y la razón es simple: el contribuyente podría encontrarse con una factura fiscal elevada sin haber realizado beneficios concretos, lo que lo llevaría a vender parte de sus activos solo para cumplir con sus obligaciones tributarias. En un mercado como el de las criptomonedas, donde los precios pueden variar en cuestión de días e incluso horas, esta situación introduce un riesgo adicional para la planificación patrimonial y la gestión de liquidez.

Por ello, con el propósito de suavizar este efecto sobre los pequeños ahorradores, la ley contempla una exención de 1.800 euros sobre los rendimientos anuales. Además, permite compensar las pérdidas sin límite temporal, siempre que el importe negativo supere los 500 euros. En apariencia, estas medidas brindan cierto alivio, aunque no eliminan el problema central: la volatilidad extrema del mercado. Un token que cierre el año con ganancias notables podría perder buena parte de su valor antes de la fecha de pago de impuestos, dejando al inversor con la carga de tributar por una riqueza que ya no existe.

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La reforma neerlandesa más allá de MiCA

La reforma fiscal de los Países Bajos ha despertado dudas entre usuarios y analistas, especialmente sobre si su orientación guarda relación con la regulación MiCA de la Unión Europea. A primera vista podría parecer que ambas iniciativas avanzan en la misma dirección, pero en realidad persiguen metas distintas dentro del ecosistema financiero. El marco europeo busca reforzar la supervisión de los proveedores de servicios y proteger a los usuarios, garantizando la estabilidad del mercado. En cambio, el ajuste neerlandés responde a una estrategia fiscal doméstica centrada en actualizar la forma en que se grava la riqueza digital.

No hay una obligación dentro del reglamento MiCA que imponga un modelo tributario común a los Estados miembros. Esta norma europea se ocupa más de promover la transparencia y la trazabilidad en las operaciones que de establecer criterios sobre recaudación patrimonial.

El gobierno neerlandés, conformado por los partidos D66, VVD y CDA, defiende que esta reforma es clave para fortalecer la estabilidad institucional y mantener la competitividad del país frente a otras potencias europeas. Con reglas claras y previsibles, las autoridades aspiran a reducir las ambigüedades legales que a menudo rodean a los criptoactivos. 

Aunque algunos sectores advierten que el nuevo esquema fiscal que se implementará en los próximos 2 años podría incentivar la salida de capitales hacia jurisdicciones más flexibles, el Ejecutivo sostiene que un sistema basado en datos económicos reales resulta más justo, sostenible y menos vulnerable a disputas judiciales que las fórmulas anteriores basadas en rendimientos teóricos.

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